Celta de Vigo × en la web de aficionados del Celta de Vigo.
Celta de Vigo
La red social de aficionados del
Celta de Vigo

los caprichos del zar, alexander mostovoi

Antes de crear un nuevo artículo, accede al buscador y comprueba que no tenemos el artículo que intentas crear. Si no existe créalo y si ya existe puedes editarlo para añadir la información que no tenemos. ¡Gracias!

Denuncia

Por favor indica el motivo por el que quieres denunciar el artículo

Por favor, copia y pega el párrafo/s que estás denunciando para localizar el texto dentro del artículo. Gracias.

los caprichos del zar, alexander mostovoi

Enviar a un amigo

 

Los caprichos del Zar, Alexander Mostovoi

 

Un jugador medianamente olvidado por el gran público, casi desconocido para las nuevas generaciones de aficionados, un genio lógicamente incomprendido, otro de esos tantos que nos gusta tratar en esta página. Lo hicimos con Riquelme o con Ariel Ortega, todos futbolistas que jugaban a otra cosa distinta a la del resto de sus compañeros, capaces de lo mejor y de lo peor, artistas que encontraban su forma de expresión conduciendo un balón de fútbol.

Como cada uno de ellos, y éste en especial, para mí representan infancia, sueños y anhelos de un chaval que en plena burbuja inmobiliaria disfrutaba con los inicios del PPV y el domingo con el partido del Plus. Ése Tsartas tirando de un Sevilla gris a base de zurdazos, esa vaselina de Adrian Ilie a Navarro Montoya, ese gol de Juanele al Barça hecho en un palo de terreno, esos derbis gallegos de Djalminha y Mostovoi. Precisamente a este último dedicamos estas líneas.

No era fácil quererle, eso hay que reconocerlo. Tipo agrio, de carácter volcánico, con un ego casi al mismo nivel que su calidad como futbolista, su carrera fue una auténtica montaña rusa, algo que todos los expertos le siguen reprochando y que tuvo como consecuencia haber conseguido un palmarés muy inferior a su categoría como jugador de fútbol.

mostovoi spartak

 

Nacido en la San Petersburgo soviética, por aquel entonces llamada Leningrado, sus primeros pasos los dio en las categorías inferiores del CSKA de Moscú, equipo que abandonó recién cumplidos los dieciséis años para formar parte del Spartak, el eterno rival del equipo del ejército ruso. En su infancia, el joven Alexander lo intentó con el acordeón y el piano, pero en vista de su don, acabó cambiando los instrumentos musicales por el balón de fútbol. Mostovoi ya era considerado una de las grandes promesas del país, su talento para jugar al fútbol lo señaló muy pronto como uno de los niños bonitos del deporte soviético y su nombre adquirió gran popularidad entre sus compatriotas, que siempre lo vieron como el elegido para liderar una selección en pleno decaimiento.

Con el Spartak jugó un lustro, viviendo in situ el fin de la URRS y ganando varias ligas con su equipo. Aquel equipo jugaba un fútbol avanzado a su tiempo, primando la posesión de balón y el ataque organizado, un conjunto en el que Mostovoi era la estrella y en el que también despuntaba un tal Valery Karpin, con el que se vería años después en Vigo. Más allá de las ligas, aquel Spartak es bien recordado por eliminar al Napoli de Diego Armando Maradona en 1990, un evento que dejó marcado para siempre a nuestro protagonista, al compartir el mismo terreno de juego que su ídolo, el único jugador superior a él, según sus propias palabras.

Precisamente en aquel mismo año el jugador ruso visitaría Galicia por primera vez para enfrentarse al Celta en el torneo Ciudad de Vigo, dando las primeras muestras de un carácter que enfadó a los celtiñas en aquel instante y acabaría por enamorarles temporadas más tarde. El partido acabó 0-0, en los minutos finales Karpin y Mandiá se enzarzaron en un conato de pelea, Jorge Otero se metió por medio y por ahí apareció también Mostovoi, que no se perdía una

La profunda depresión del deporte post-soviético y el exceso de talento de Mostovoi hicieron que el mediapunta acabase por salir de su país por primera vez en su carrera deportiva. Su destino sería el Benfica, un grande de Portugal en el que estaban de moda los rusos. El año anterior el conjunto portugués había incorporado a Yuran y Kulkov, que dieron un gran rendimiento y animaron a los responsables del club lisboeta a seguir importando a jugadores de aquel país. Eusebio, mito donde los haya, llegó a decir que Mostovoi era el mejor de los tres rusos, una obviedad a día de hoy, pero toda una osadía en aquel entonces. Lo cierto es que Mostovoi calentó banquillo de lo lindo en su etapa como benfiquista, reconoce que le gustó mucho “el sol, la playa y la buena vida” que tenía en Portugal, aunque también admite que tuvo problemas con otros compañeros extranjeros del equipo e incluso con su propio entrenador, Toni Oliveira, del que dice que “tenía prejuicios con los jugadores rusos”. Lo cierto es que el preparador portugués se despachó a gusto contra algunos de los que fueran sus pupilos, especialmente contra Kulkov, asegurando que “su problema era la noche”, o más específicamente, “lo que él hacía en la noche”.

Mostovoi, que nunca se ha caracterizado por su diplomacia, tampoco se mordió la lengua y hace algunos años no perdió la oportunidad de atizar al que fuera su entrenador citando un episodio que sucedió en un partido contra el Oporto.

“Estaba en el banco en el partido en Das Antas de la Taça. Entré a diez minutos del final y marqué el gol que evitó que fuésemos eliminados. Después ganamos en casa, fuimos a la final y ganamos la Taça. Yo no jugué ni un minuto en la final. Fue mi premio por haber marcado un gol contra el Oporto”- Fuente: diario Record.

De Portugal no se llevó demasiados réditos en cuanto a fútbol, pero en cambio obtuvo un valioso pasaporte comunitario tras contraer matrimonio con una lusa, algo que le abriría nuevas puertas en el mercado europeo. Nunca escondió su resquemor contra el Benfica, equipo del que no guarda un grato recuerdo y del que, según sus propias palabras, consiguió “vengarse” temporadas más tarde.

Tras salir escaldado de Portugal, su destino fue Francia, donde jugaría en dos equipos en un periodo de tres años, con un rendimiento irregular. Los franceses disfrutaron en cuentagotas del talento del Zar, que nunca se sintió del todo arropado ni en el Caen ni en el Estrasburgo. Por aquel entonces finalizaba la temporada 95-96, Mostovoi cumplía aquel agosto los 29 años, una edad en la que el joven prodigio ya no era tan joven y el jugador que iba a relanzar el fútbol ruso todavía no había sido capaz de dar ni la décima parte de lo que se esperaba de él. Su complicado carácter y su perenne inconsistencia acabaron con la fe de aquellos que pronosticaron los éxitos de aquel mediapunta que, poco a poco, había quedado olvidado y estando, por supuesto, borrado de todas las listas de los grandes clubes de Europa, que años atrás se quedaban embobados con jugadas como éstas. Disfruten, por cierto (vídeo).http://youtu.be/RbiXmiYcRdk

Su carrera estaba en plena cuesta abajo, pocos creían ya en él. Y entonces llegó el Celta, donde apenas diez años después incluso pensaron en hacerle una estatua. No sabemos qué conexión puede haber entre Vigo y San Petersburgo pero lo cierto es que, justo ahí, en ese preciso instante, el viejo Mostovoi encontró un lugar perfecto para vivir, para desahogar su talento, para ser una estrella.

Sus inicios fueron exactamente como se esperaban: un auténtico desastre. Su carácter impacientaba al cuerpo técnico e incluso a sus propios compañeros, los gestos de Mostovoi denotaban que se sentía demasiado bueno como para jugar en un equipo como aquel. En mayo de 1997 el ruso protagonizó uno de los incidentes más vergonzosos que se recuerdan cuando en El Molinón fingió una lesión para salir del campo. El partido andaba con un resultado de 2-1 contrario a su equipo y el Celta ya había hecho los tres cambios. Varios compañeros, especialmente el entonces capitán celtiña Patxi Salinas, le empujaron a volver al terreno de juego y acabar el partido. Ironías del destino, el brazalete de Salinas iría a parar años más tarde a aquel inconsciente ruso que aquel día puso en ridículo la camiseta de un histórico como el R.C. Celta de Vigo. Vivir para ver, cosas que sólo pueden suceder si mezclas Mostovoi y Vigo.

images

Mostovoi vs Djaminha, un clásico en los derbis gallegos de aquellos años. Fuente: twitter.com

 

Con un entrenador metódico como Irureta, el díscolo modo de jugar y entrenar de Mostovoi eran una bomba de relojería. El ruso nunca comulgó demasiado con el técnico vasco, sin embargo el Celta andaba como una moto y aquella temporada 97-98 el club vigués se clasifica para la Copa de la UEFA. En esa etapa Mostovoi se había reencontrado con Karpin, jugador que siempre respetó pero del que nunca fue amigo. Según el periodista Víctor López “Karpin era el hilo conductor que unía a Irureta con el vestuario” mientras que Mostovoi era muy contrario a los métodos del técnico. Aquella temporada salía a relucir por primera vez el mejor Mostovoi en un equipo en el que despuntaba también el brasileño Mazinho o el israelí Haim Revivo. Ambos formarían parte del ciclo de Víctor Fernández, el del mejor Celta de la historia.

Con Víctor Fernández al mando el Celta desplegó un juego preciosista, repleto de calidad en todas sus líneas. La llegada al club de Gustavo López dota al equipo de un nuevo puñal por banda izquierda y el equipo vigués enamora a propios y extraños logrando sendas clasificaciones para la Copa de la UEFA. En aquellos años se echó en falta a un “9” que remachara todas las ocasiones que eran capaces de generar el trío Mostovoi-Gustavo López-Karpin, que a su máximo nivel eran prácticamente imparables. En el Celta de los rusos empezaba a despuntar un tal Claude Makelele, que años después ficharía por el Real Madrid. El ruso vio con recelo su llegada, sin embargo no dudó en rectificar cuando vio el despliegue físico del francés: “míster, éste me la da a mí, y va a correr”, le susurró a Víctor Fernández.

Aquel Celta acabó machacando a equipos como el Liverpool, el Aston Villa, la Juventus o el Benfica, al que ganaría 7-0 con una brillante exhibición de Mostovoi, que consumaría una venganza sin paliativos. Aquel Benfica era un equipo de calidad que formaba con el fallecido Robert Enke en portería, Poborski en banda derecha y Joao Pinto y Nuno Gomes en ataque. El equipo portugués llegó a Vigo como líder de su liga, pero aquel día naufragaron ante un Celta que escribió una de las más bellas epopeyas de fútbol que se recuerdan.

El fútbol de Mostovoi en el Celta se combinaba de cuando en cuando con alguna falta de disciplina, leáse retraso tras las vacaciones o bien dejar a su equipo con un jugador menos, si bien según su opinión “9 de cada 10 rojas que le sacaban eran injustas”.  Su peculiar personalidad no pasaba desapercibida en su entrenador Víctor Fernández, que declaró recientemente que Mostovoi “no entendía que el fútbol es un juego, que a veces ganas y otras, pierdes. Él hacía su película del partido durante la semana, y si no salía así, no tenía el rigor para recuperarse”.

Ocho temporadas fueron las que el Zar estuvo al servicio del Celta de Vigo, años que le valieron para ser considerado como el mejor jugador de su historia. El genial mediapunta no tuvo la salida deseada, como no podía ser de otra forma, pues el Celta acababa de bajar a Segunda División y el ruso no había rendido como se esperaba en aquella temporada. Ya muy veterano, sin apenas velocidad y con poco interés por el fútbol, acabó fichando por el Alavés, donde sólo disputó un partido. Su salida de la selección rusa no fue mucho menos agradable, pues acabó expulsado súbitamente tras cuestionar los métodos del seleccionador Gueorgui Yártsev en plena Eurocopa 2004.

En la actualidad el gran Alexander Mostovoi vive a caballo entre Marbella, Moscú y Vigo, ciudad esta última donde es considerado un auténtico ídolo.

¿Qué hubiera sido de él de haber tenido otro carácter? Nunca lo sabremos, pero al fin y al cabo fue otro más de esos tipos que hizo las cosas a su manera, fue feliz e hizo felices a los demás. Nunca se consideró peor que Zidane, el jugador que dominó el fútbol en sus mejores años como futbolista, y en realidad por calidad era uno de los pocos jugadores que no tenía nada que envidiar al francés.

 

fuente : http://sportall.es

Vicente Bresó

 

Página creada por bayona68

Es probable que este artículo contenga material de la Wikipedia este material se usa de acuerdo a los términos de la licencia libre de documentación GNU